Desde hace un par de años se realiza en México un ejercicio comercial llamado El Buen Fin. Durante un fin de semana a mediados de noviembre los negocios inscritos en esta iniciativa ofrecen sus productos con ciertos descuentos o promociones, mientras que el gobierno federal lo fomenta con publicidad y adelantando a sus trabajadores la mitad de su aguinaldo antes de esta fecha. El objetivo de esta medida es, según el portal http://www.elbuenfin.org es

reactivar la economía fomentando el consumo, pero sobre todo mejorar la calidad de vida de todas las familias mexicanas

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El “Buen Fin” es un gancho publicitario para incrementar el consumo irracional de la gente. Este tipo de tácticas es enteramente legal pero cuestionable, sobre todo por parte de la Secretaría de Economía y de Hacienda. Ambas son secretarías de gobierno y su labor no es “hacerle el caldo gordo” a las empresas.

La labor de ambas secretarías consiste en el fomento a la actividad económica y tener un equilibrio en los recursos que el gobierno ingresa y los que gasta. Su papel en un esfuerzo como este es natural. En última instancia,  la reactivación económica es parte de sus tareas.

En un sentido estricto si se generará un flujo grande de efectivo, pero este será a costa de consumidores malinformados y excitados por las fuertes campañas publicitarias que tratan de introducir la idea de que el “Black Friday” mexicano es una carrera de tiempo donde debemos gastar lo que podamos por que hacerlo ahora es mejor que después. Es claro que esto vulnera la práctica del ahorro.

El suponer que ahorrar es simplemente acumular dinero es burdo.  En esta medida se fomenta el ahorro, ¿Cómo? ofreciendo a la gente productos más baratos que en cualquier otro momento del año. Buena parte de las promociones son en artículos de consumo duraderos que cambian de manera positiva  la vida de los mexicanos y que no podrían comprar en ninguna otra fecha.

El año anterior los artículos más comprados fueron las pantallas planas, y no precisamente mediante descuentos al contado, sino a meses sin intereses. ¿Esto mejora la vida del comprador? Los productos ofertados y las promociones no tienen un patrón definido. No se encuentran descuentos reales como los que existen en Estados Unidos en el Black Friday o en Reino Unido en su Boxing Day, de hasta 75% de descuento. Las ofertas del Buen Fin son tibias, insignificantes. 

Las personas tienen el derecho de decidir como emplear su dinero, ya sea comprar televisores, lavadoras u obras de arte. Es simplista creer que el crédito es malo en si mismo. El crédito es una herramienta estupenda  si se utiliza bien y los organizadores de este concepto fungen proveen esta orientación (PROFECO esta presente).  El gobierno no es el papá de nadie como para indicarle que comprar y como hacerlo a los mexicanos.