Finalmente ha sido presentada y aprobada en lo general por el Senado la Reforma Energética del gobierno federal. A favor han votado los senadores del PRI, PVEM y PAN. En contra votaron senadores del PRD, PT y Movimiento Ciudadano. El dictamen contempla modificaciones a los artículos 25, 27 y 28 constitucionales. La columna vertebral de la reforma es la creación de esquemas en los que el capital privado puede participar en tareas que ahora son exclusivas de PEMEX. Se plantean dos figuras : Contratos de Utilidad Compartida y Régimen de Licencias ¿Beneficiaría o no al país la creación de estas nuevas figuras?

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Definitivamente no, todo lo contrario, es un gran retroceso. Actualmente son pocas las instituciones que no han sido devoradas por la privatización, que ha demostrado no ser un remedio a la corrupción de las empresas públicas. Bajo este nuevo régimen PEMEX se convertirá en un nuevo TELMEX, o peor aún, en un nuevo BBVA Bancomer.

No es correcto comparar los procesos de privatización de la banca o de la telefonía con lo que se trata de implementar en la reforma energética. PEMEX es y seguirá siendo una empresa pública pero ahora podrá compartir el riesgo de invertir en proyectos para los que actualmente no tiene recursos.

La carencia de recursos de PEMEX surge de la sangría de recursos a la que es sometida cada ejercicio fiscal. Corregir esta nociva contabilidad no requiere en absoluto algún cambio constitucional. Se ha tratado de introducir a la mente de los mexicanos que la empresa pública no puede ser productiva por si misma y esto es una mentira.

PEMEX definitivamente debe cambiar su contabilidad, pero no solo eso. Más allá de las limitantes de la figura de empresa paraestatal, lo cierto es que es una empresa que compite en el mundo, pero que no tiene la flexibilidad de otras empresas, y por lo tanto no puede competir. El modelo de PEMEX no puede ser solo extraer crudo y venderlo. Ese esquema es arcaico y condena a nuestra mayor empresa pública al fracaso.  

La mentada competitividad que se pretende lograr no esta ligada inherentemente a la participación privada. Se requiere, eso sí, una mayor independencia en la toma de decisiones y definitivamente es desligar elementos nocivos, como el actual sindicato, de la dirección de la empresa. Por más que se quiera maquillar la reforma hay algo incontrovertible, los particulares invertirán porque obtendrán beneficios de PEMEX ¿Porque dejar a empresas privadas ese beneficio y no tomarlo completamente para la empresa pública?

Tal pregunta es alevosamente manipuladora. Los beneficios de la participación privada multiplican los beneficios de PEMEX. Se trata de una simbiosis, donde por cada proyecto exitoso las utilidades de ambas partes crecerán. El tabú que existe respecto a la inversión privada en la industria petrolera es una herencia de la Revolución Mexicana que era vigente después del Porfiriato, pero que no lo es más. Evadir la discusión con dogmas es una necedad. Si se teme a la “voracidad” del capital privado se le debe regular, no impedir.

(Este tema se seguirá discutiendo en nuevas publicaciones)