La reforma energética ha sido aprobada por las dos cámaras del poder legislativo federal y al día de hoy, por 14 congresos locales. El proceso de aprobación de esta reforma ha sido mucho más rápido que el de muchas otras iniciativas del ejecutivo aún considerando las consultas y mesas de trabajo que se crearon por parte del poder legislativo. ¿Es correcto aprobar una reforma con tanta premura? Por otro lado, algunas políticas y sociales efectuaron cercos y tomas de tribuna con el objetivo fallido de detener o al menos aplazar la aprobación de esta reforma ¿Es una estrategia válida y/o útil el realizar estas acciones al enfrentar un proceso de negociación donde se es minoría (al menos en el caso del congreso)?

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La aprobación de la reforma energética ha sido meteórica  pero definitivamente válida. Más allá de la posibilidad real de un acuerdo previo entre dos partidos políticos donde se fue decantando poco a poco una propuesta, cierto es que las mayorías que se exigen para aprobar un cambio constitucional se cumplieron. Negar la legitimidad de este método es negar la legitimidad de la democracia representativa.

La gran falla de esta reforma y de su forma de aprobación no es una cuestión legal sino ética: Se resolvió un tema medular para el país en secrecía y tratando de evadir tanto como se pudiera los argumentos opositores. ¿Por qué? por que se trata de una propuesta impopular que de ser sometida a la consideración de los mexicanos sería rechazada. 

La popularidad de las acciones de gobierno no puede ser un parámetro único, de ser así no existirían los impuestos. Además, la reforma energética no puede considerarse una sorpresa, el PAN siempre ha tenido una tendencia hacia reducir el papel del gobierno en muchas actividades económicas, y el PRI había manifestado la tendencia a negociar una reforma energética aún antes de las elecciones. No parece existir la mencionada secrecía en este proceso legislativo.

 El PRI cambio sus estatutos para poder negociar la reforma energética, y esto sucedió después de las elecciones. El “Pacto por México” fue la principal herramienta para llevar a cabo la reforma energética y claramente se trato de negociar unas leyes por otras desde cámaras poco plurales en mesas trabajo de las cuales no tenemos ninguna referencia. Esto es un acuerdo bajo la mesa y de espaldas al pueblo. Esto no es ético.

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El papel de buena parte de los legisladores de izquierda fue ridículo. La toma de tribunas y organización de cercos virtuales transformo la discusión de leyes en discusión de dogmas. Esa idea del “Todo o Nada” finalizo con la auto-exclusión de la izquierda en la redacción de la reforma. Parecería que la izquierda partidista esta más preocupada en preservar sus nichos electorales que en aplicar su propuesta en acciones legislativas.

Las acciones de la izquierda han sido reacciones al método del “fast-track” que impusieron la bancada del PRI-PAN. Estas acciones no son lo deseable, pero eran enteramente necesarias. En este momento existe una atención mayor a esta agresiva forma de legislar a modo, cosa que no hubiera sucedido si no se efectuaran la toma de tribuna o el cerco al Senado/Cámara de diputados.

El pueblo ha decidido también que los legisladores deben legislar. Estas acciones han quitado cualquier rastro de la izquierda de la reforma energética.  ¿Fue realmente lo mejor que pudieron hacer?¿Era necesario llevar acciones destinadas a fracasar? Una oposición responsable  habría optado ante el escenario actual por tratar de incluir esquemas de regulación más estrictos para la inversión privada en PEMEX, que era un tema que no iban a lograr sacar de la reforma.

La reforma tiene un punto frágil que es la oposición de la mayoría de la población. Las acciones de la izquierda partidista, ya sea PRD ó MORENA tienen un objetivo claro: La Consulta Ciudadana que podrá organizarse en 2015. No existe desperdicio en este tipo de estrategias.