A raíz de los recientes operativos de autodefensas y fuerzas federales en el estado de Michoacán salió a la luz el caso de Melissa y “Kike” Plancarte, presuntos hijos de Enrique Plancarte, uno de los lideres de los caballeros templarios. Ambos son cantantes de banda poco conocidos que han tenido participaciones con otros artistas más populares (Espinoza Paz, por ejemplo). Como muchos otros artistas, los Plancarte cantan canciones que exaltan a los narcotraficantes. ¿Cómo debe juzgarse a los familiares directos de un delincuente?¿Tienen alguna culpa los artistas que se relacionan con cárteles de la droga, aunque se trate de relaciones cliente/artista?

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En México existe la libertad de expresión a pesar de que muchos les represente un dolor de cabeza. Un artista puede, si le da la gana, hablar épicamente de acciones de criminales y no por ello se convierte en un criminal. Sin juzgar la calidad interpretativa o artística de los cantantes gruperos, no se les puede exigir que hagan labores de policía con cada uno de sus contratantes.

Un prestador de servicios debe tener cierto control respecto a los ingresos que tiene. Puede cobrar mediante transacciones electrónicas en vez de efectivo o puede planear su agenda con tiempo de anticipación. Sin embargo lo que es cuestionable es cuando el vínculo de los artistas con los narcotraficantes se convierte en complicidad. Es absurdo alegar que se ignora de la actividad criminal de alguien que entra con caravanas de gente armada a tus conciertos, al cuál le cantas rolas sobre lo bravos que son sus gatilleros.

Aún en tal situación, los familiares directos de un presunto delincuente no pueden ser acusados de complicidad. Los hermanos Plancarte, por más arrogantes que puedan parecer con sus disfraces de templarios y sus narco-corridos, no han hecho algo ilegal. No hay aquí ningún juicio artístico, sólo la certeza de que no se les puede tratar como criminales aunque su padre lo sea.

En el caso de estos “artistas” la vinculación con su padre rebasa el apoyo familiar. El sello discográfico que los promueve (PlanRecords Entertainment) parece estar financiado con recursos ilícitos. Este sello parece ser creado sólo para la promoción de estos dos cantantes. Es una duda razonable preguntarse si Melissa y Kike Plancarte conocían y aceptaban tácitamente del financiamiento ilegal en su sello discográfico por lo que una investigación judicial esta perfectamente justificada.

 Si bien ambos artistas pueden ser indagados, siempre deben ser tratados como presuntos inocentes. Lo que se presenta ahora en la prensa es un linchamiento mediático inaceptable para cualquier persona, sea o no hijo de otro presunto delincuente. Otro ejemplo de como un tratamiento mediático irresponsable que vulnera un caso estrictamente policíaco: la difusión de la imagen de Gibrán Martiz  con armas de juguete, tratando de sugerir que su asesinato fue consecuencia de un estilo de vida criminal.  La opinión pública no puede pretender ser juez de nadie.

La opinión pública no debe ser juez de nadie, pero tampoco puede pretenderse que ignore hechos muy precisos alrededor de gente que se mueve en el ambiente de los cárteles. La generación de esta cultura épica y estética del narco es cuestionable desde un sentido artístico y antropológico: Se incorporan delitos y violencia a la cotidianidad, se vuelven parte del paisaje y se llega a un punto donde son aceptados por la gente como rasgos de identidad. Los artistas juegan un papel social aunque traten de evadirlo.