Esta semana el IFE ha dado a conocer cuales asociaciones políticas han cumplido los requisitos para constituirse como partidos políticos y competir en las elecciones federales de 2015. De ellas, la organización más importante es el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), quién cuenta con el fundamental respaldo del excandidato presidencial Andrés Manuel López Obrador. ¿Se necesitan nuevos partidos políticos en la democracia mexicana?¿La existencia de este nuevo instituto político representa un cambio favorable?¿O solo complica las posibilidades de la izquierda de aspirar a conducir el país?

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MORENA es una opción política que era poco más que necesaria. Ninguno de los partidos existentes contiene una agenda de cambios similares a la que este nuevo partido político propone, ni siquiera los llamados partidos de izquierda. El partido además nace de un movimiento con dinámica propia que busca sobre todo cambiar el ambiente corrupto que mantienen los actuales partidos.

Si bien es cierto que MORENA surge con una mayor legitimidad que la mayoría de los partidos políticos en la historia (recordemos no solo al PVEM, PT o MC sino a casos más cínicos como PARM o PSN), su creación no deja de ser la creación de nuevas burocracias, muy costosas y con una tendencia obvia a convertirse en negocio de amigos y familiares. Además de ello debemos reconocer que el partido se basa en la personalidad carismática de un solo individuo, corriendo un serio riesgo de convertirse en una estructura muy rígida, al servicio de AMLO.

Las razonables dudas ante la conformación de un partido nuevo no son culpa de las nuevas organizaciones que buscan participar en la democracia, sino en los partidos existentes. Los requisitos se han exagerado y solo una personalidad tan atractiva y con presencia nacional como AMLO puede amalgamar un movimiento para cumplir los pasos constitutivos. Sin embargo el partido no es una simple plataforma de una persona, sino un instituto con principios claros que busca cambiar al país de manera diferente.    

La citada declaración de principios no es menos ambigua que la campaña “amorosa” de AMLO durante el 2012. En cualquier caso una tendencia política concisa no es garantía para evitar los problemas de la grilla mexicana. Basta recordar el caso del partido Alternativa Socialdemócrata, donde una mal calculada alianza con el Dr Simi acabo con uno de los partidos que mejor impresión habían dejado en el electorado mexicano. Por otro lado la constitución de MORENA luce más como una derivación de la tribu más popular del PRD, para inventar más espacios políticos para los mismos políticos de siempre, sin olvidar que la unidad de la izquierda mexicana queda comprometida.

Distanciarse del PRD otorga al electorado dos opciones reales de izquierda. Ambas opciones se distinguen en puntos muy claros pero tenderán a coincidir en otros, en los cuales crearán un contrapeso más útil para la vida política nacional. Un punto fundamental  es que con MORENA tenderán a desaparecer tanto el PT como Movimiento Ciudadano, partidos que si son negocios familiares y veletas políticas nocivas para el país. La vida institucional de la izquierda mexicana es caótica, pero no dista mucho de lo que ocurre dentro del PAN o del PRI. Una verdadera democracia mexicana tendría al menos una quinteta de institutos políticos con aspiraciones reales de gobernar al país. MORENA es pues una opción que complementa la democracia mexicana.  

Sin demeritar el argumento anterior, pues es cierto que en una “partidocracia” como es la democracia mexicana son útiles más partidos reales, el problema es que sólo se pueda hacer política mediante burocracias tan arcaicas como los partidos. Se ha desempoderado a las organizaciones de la sociedad civil y se ha desprovisto a la gente de medios de democracia directa. MORENA podría ser una buena apuesta, pero no sería la primera vez que se le ve la cara a los ciudadanos. La única manera de mejorar la democracia actual es quitarle (arrebatarlo) poder a los partidos y otorgárnoslo a los ciudadanos.