Hoy se inauguraron los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi, Rusia.  Estos serán los Juegos Olímpicos más caros de la historia, lo que ha sido fuertemente criticado por muchos sectores de la opinión pública. Pero este no es el aspecto más polémico de los juegos. Esta justa deportiva se encuentra amenazada por grupos terroristas islámicos que ya han perpetrado varios atentados en ciudades rusas recientemente. A esto se debe añadir la nueva ley contra “Propaganda Homosexual” que criminaliza cualquier manifestación que se considere Pro-homosexual. Recordemos que Putin ha creado un gobierno fuerte entorno a él con detrimento de cualquier expresión opositora. Se le considera una de las personas más poderosas del mundo, pero también un represor. ¿Es correcto que le Comité Olímpico Internacional otorgue sedes olímpicas sin considerar los entornos político-sociales?¿Una justa olímpica es sólo un evento deportivo o es un legitimador político?¿Fue correcto dar la sede a Berlín durante el régimen nazi, o a Beiging en 2008? En el caso de una ciudad en un país aún en desarrollo ¿No se trata de un gasto excesivo que distrae recursos de otros rubros urgentes como educación o combate de la pobreza?

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El dar la sede olímpica a Rusia constituye un error por parte del COI. Vladimir Putin ha conducido a su país a una estabilidad económica basada en el chantaje a Europa (que necesita de su energía barata) y asociaciones con naciones afines. También ha creado un entorno antidemocrático donde la oposición es incapaz de competir de manera justa con su partido. Sochi 2014 es la cereza de su pastel,  construyo la candidatura desde antes del periodo presidencial de Medvedev. El COI esta legitimando un gobierno semidictatorial.

La decisión de establecer una sede olímpica en una ciudad depende de factores económicos y culturales. No se puede adoptar un papel de juez de gobiernos, por lo que no se puede legitimar o reprobar al gobierno en turno. Sochi 2014 es una decisión correcta, Rusia forma parte de las naciones con una fuerte identidad propia y puede aportar mucho al Olimpismo. No debe olvidarse que el dar la sede Olímpica a una ciudad puede ayudar a su desarrollo turístico y a su posicionamiento como marca (recuérdese el caso de Barcelona 1992).

Los juegos no traen prosperidad automática a las sedes. Basta recordar el caso de Atenas o de Montreal. El proyecto de Sochi es muy caro, cincuenta mil millones de dólares, las cifra más alta de cualquier competición olímpica. Posicionar a Sochi como un destino de primer nivel para el turismo mundial parece difícil también por la volátil situación política del caúcaso Ruso. Recordemos que terroristas de la región de Dagestan han perpetrado ya atentados en la ciudad de Volgogrado y han mantenido en vilo a la organización de los juegos. Pero los policías que hoy están en Sochi no estarán por siempre, mientras la amenaza terrorista y la deuda pública contraída se  mantendrá por mucho tiempo.

El terror no debe nunca marcar las agendas nacionales. Rusia es un estado fuerte que tendrá que resolver el conflicto en Dagestán con política e inteligencia. La inversión en infraestructura en un destino distinto a las grandes ciudades rusas manifiesta una tendencia en los planes de desarrollo de Rusia. Además, dotar a una región de conectividad con el resto del país y con Europa detonará el desarrollo regional. Esta es sin duda la manera adecuada de combatir movimientos radicales que se nutren de gente sin oportunidades para alimentar sus campañas de odio.

Si de campañas de odio hablamos, la que el gobierno ruso ha emprendido contra la comunidad homosexual es la más cínica en la actualidad. Con un atrasado aunque efectivo discurso, Putin se ha aliado con la iglesia ortodoxa rusa, encontrando un blanco fácil para el imaginario colectivo de los rusos menos educados: Un hipotético “lobby gay occidental” que trata de destruir los valores de la Madre Rusia. Maquiavélico y peligroso. La ley anti propaganda gay rusa priva de atención psicológica a adolescentes homosexuales y los empuja a una tensión mental que ha orillado a muchos al suicidio. De hecho, la simple idea de leyes anti propaganda de cualquier tipo no podría entenderse en un estado democrático. La comunidad internacional ha decidido olvidar todo esto por unas semanas y disfrutar de los juegos Olímpicos. Cinismo del que agrede y cinismo del que permanece indiferente.

Sin entrar en una discusión concienzuda de la mencionada Ley Anti Propaganda, lo cierto es que las Olimpiadas no las hace una persona, ni siquiera un gobierno. Las hacen las personas, los deportistas, los voluntarios y los espectadores. La situación política de Rusia es delicada y debe resolverse para que se evite cualquier atentado a los Derechos Humanos, pero el escenario de estas batallas no es el deportivo. Muy al contrario de lo que se trata de mencionar los juegos han llevado la atención pública a Rusia y ha forzado cambios (aunque sea temporales) para que la ley no sea aplicada y podría ser la clave para modificar en definitiva esta norma.