El sábado 22 de febrero la agencia internacional AP difundió información de la captura de Joaquín Guzmán Loera, El “Chapo” Guzmán. Esta información fue confirmada en una conferencia de prensa de la Procuraduría General esa misma tarde, argumentando que la tardanza se debió a que se buscaba tener plena certeza de la identidad del capturado. Guzmán era hasta ese momento el líder del Cartel de Sinaloa, la organización de tráfico de drogas más poderosa del mundo, la cuál sigue un modelo más parecido una empresa que cualquiera de los carteles mexicanos. ¿Que ocurrirá después: el cartel se pulverizará violentamente o habrá un relevo directivo más terso?¿Se revelarán los nombres de las autoridades que dieron protección al Chapo?¿Debería terminar de purgar su condena en México o sería más indicado acelerar su deportación a los Estados Unidos?

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El operativo en el que la Marina mexicana ha recapturado a Guzmán Loera es un éxito de las autoridades mexicanas (se ha confirmado que la participación de la DEA sólo consistió en geolocalización y empleo de drones). Llevarlo a Estados Unidos sería una señal de flaqueza del sistema penitenciario además de que es necesario que aporte información para evitar la reconformación del Cartel de Sinaloa. Es inclusive jurídicamente difícil, porque Guzmán Loera debe purgar aún la condena que le fue impuesta en 1993 y que dejo inconclusa por su fuga del penal de Puente Grande en 2001.

 Esta fuga es la que genera el principal argumento para pensar que lo mejor es deportar al capo de la droga; el sistema penitenciario mexicano es débil y el Chapo podría fugarse como ya lo hizo antes. La deportación también garantizaría que  no opere desde la cárcel, pero ciertamente se ve difícil que esto ocurra pues como se menciona arriba, este golpe mediático se vería opacado. Parece improbable también que en esta captura “basada en inteligencia” y “sin balas” no haya mediado un acuerdo que impida la mencionada deportación.

La velada sospecha de una entrega del narcotraficante es disparatada. Fue evidente el operativo federal que inicio en Culiacán 11 días antes, desde donde se fue siguiendo la pista del Chapo. Es además un despropósito pensar que México no puede montar un operativo de inteligencia apropiado para capturar a un líder criminal. El desmantelamiento de todos los carteles de la droga luce como una prioridad del actual gobierno, pues no hay ningún cartel que no haya sido tocado.

Tal afirmación de ser cierta, sin conceder, significaría que debemos esperar una lucha sangrienta por el control del cartel más poderoso del mundo. ¿Que hemos visto? Nada. Esta idea de hacer mucho ruido para dejar todo igual es típica de los gobiernos priístas, como lo es  también la “paz pactada”. Es posible que el Chapo ya allá dejado de ser la persona más relevante de su organización criminal y se halla decidido que valía más como un trofeo que Peña Nieto pueda exhibir al mundo, muy acorde con su “coincidente”  portada de “Saving Mexico” en la revista TIME.

El argumento anterior, como toda teoría de la conspiración, es muy rebuscado. Es comprensible la desconfianza hacia las autoridades federales, pues finalmente si el Chapo estuvo libre por 13 años, debió haber tenido el favor de muchas autoridades a todos los niveles de gobierno. Pero guiémonos  con lo que consta, la Marina ha dado golpes al todos los grupos criminales, no solo en este gobierno sino desde el sexenio calderonista. Pensando mal del gobierno actual, hubiera sido más fácil dejar intacta una organización criminal menos incómoda (al menos en lo que se refiere a delitos de alto impacto como son secuestro y cobro de cuotas), para que contuviera al resto de los carteles. Me parece que este golpe se dio porque se tenia la información y logística para hacerlo, sin que se tratara de buscar un escenario específico posteriormente. 

Lo cierto es que la captura del Chapo, aún en el caso de que se tratará de un golpe real de las autoridades mexicana, poco o nada tiene que ver con lo que los mexicanos lidiamos a diario. Las estructuras criminales siguen operando en todo el territorio mexicano, en muchos sitios siendo auténticos gobiernos. Las policías mexicanas están infiltradas y se sigue pidiendo cuotas a los pequeñas empresas. Una golondrina no hace primavera y mal haríamos en pensar que México después del Chapo será maravilloso y seguro en automático. Lo más sano es dejar de aplaudirle al Presidente y comencemos a exigir mejoras reales y definitivas.