Alfonso Cuarón ha recibido la noche del pasado domingo dos premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de los Estados Unidos por su cinta “Gravity” (mejor dirección y mejor edición). Esto ha desatado un buen ánimo en México que en algunos casos ha rayado en euforia nacionalista. No solo ha sido Alfonso Cuarón, sino también Emmanuel Lubezki, ganador al Oscar por mejor cinematografía, quienes han sido transformados en  el tema de moda en el país. Incluso se ha exaltado el premio de Lupita Nyong’o, actriz keniana radicada en los Estados Unidos, pero nacida en la Ciudad de México. ¿Es válido todo esta exaltación nacionalista?¿Esta entrega de premios se puede considerar un triunfo para el cine mexicano?¿El triunfo de un mexicano debe ocuparnos más que el de cualquier otro ciudadano del mundo?

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El cine mexicano NO gano. Gano un grupo de mexicanos que han trabajado muy duro por conseguir sus metas y que no han recibido nada en especial de las instituciones cinematográficas mexicanas. Incluso sabemos que Cuarón y Lubezki fueron expulsados del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos por un conflicto relacionado con la distribución comercial de un trabajo de ambos llamado “Vengeance is mine”. El caso de Lupita Nyong’o es un acto de patrioterismo burdo y torpe del cual la actriz no tiene culpa alguna.

Dejando de lado el caso de Lupita Nyong’o (que de cualquier forma muestra el carácter de México como nación hospitalaria para los refugiados políticos como fue el caso de los padres de Nyong’o), la pasada noche de los Oscares vimos a dos mexicanos triunfando en planos internacionales y eso es un motivo de alegría. ¿Porque? por que representa la posibilidad que todos tenemos de cumplir nuestras metas. Tanto Cuarón como Lubezki aprendieron a hacer cine en México y asimilaron una educación que cubre casi todos los aspectos de la creación cinematográfica, sello del CUEC.

Cuarón y Lubezki quizás deban agradecer al CUEC y al sistema de estímulos cinematográficos que ha prevalecido en México el que los haya adiestrado a  sobrevivir en condiciones difíciles. Ninguna película de Cuarón ha recibido un Ariel ni ha recibido nunca apoyo económico. La crítica que deseo hacer es hacia la actitud de llegar a la euforia y apropiarse de un éxito en el cuál no se tiene ninguna participación por el solo hecho de que la persona que trabajo duramente en ello comparte con nosotros la nacionalidad, rasgo que esta completamente fuera de nuestra elección.

Es cierto que la nacionalidad no forma parte de nuestras decisiones personales, las cuales nos describen. El lugar donde nacimos es un hecho que tiene que ver con la historia de nuestros antecesores directos y que de esta manera repercute en nuestra educación. Los mexicanos solemos adolecer de una sensación de que lo que viene del extranjero es mejor. Ver a connacionales triunfar a nivel global nos remarca que nuestro lugar de nacimiento no representa un límite y que el Malinchismo no tiene justificación real.

Definitivamente el Malinchismo no tiene justificación real, como tampoco lo tiene el Chovinismo. Pensar de esa manera nos bloquea mentalmente. Veamos el caso de la última entrega de los premiso Oscar: Poco o nada se habló en México del resto de las películas competidoras. Pensar que todo el quehacer humano son competencias nacionales nos dificulta disfrutar de las obras de otros realizadores.

Es cierto que debemos tener la apertura para no involucrar criterios nacionalistas para apreciar el arte, que es una característica de la humanidad. Mas allá de esto, lo que tenemos con un triunfo de compatriotas en estos eventos es un pretexto ideal para celebrar. Celebramos porque la celebración nos pertenece y nos hace sentir bien, y empleamos como justificación el éxito de aquel con el cual tenemos empatía. En este caso podríamos celebrar también que fue nuestra película favorita la que gano, sea mexicana o no, y en ambos casos. No hay razón para no celebrar.