La atención de los medios internacionales esta en Crimea. La Rusia de Putin y el nuevo gobierno Ucraniano están disputando su dominio en esta república autónoma que se encuentra en el Mar Negro.  Crimea tiene una población predominantemente Rusa y fue parte de Rusia hasta 1954, cuando el  Soviet Supremo de la URSS transfirió el dominio de esta península de Rusia a Ucrania, ambas parte del mismo país en ese entonces. El domingo pasado se llevo a cabo una referendo donde el 96.7% opto por solicitar la incorporación de la República de Crimea a la Federación Rusa. La Unión Europea y Estados Unidos han tachado este referendo de ilegal y han acordado imponer sanciones a Rusia. ¿Es válido el resultado del referendo en Crimea?¿Debe respetarse la soberanía Ucraniana en Crimea?¿Se debe permitir que esta república autónoma sea el escenario de otro conflicto entre Rusia y Europa Occidental?

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 El apoyo contundente de la población de Crimea a su incorporación a Rusia es suficiente para dar legitimidad a esta acción. Además de ello, la historia y rasgos culturales de la zona complementan el referendo; étnicamente el 58% de sus pobladores son rusos. La cesión de soberanía de Rusia a Ucrania en 1954 debe contextualizarse para ser entendida: se celebraba en ese entonces el 300 aniversario de la incorporación de Ucrania al Imperio Ruso. El órgano supremo de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas determino hacer este “gesto de amistad”  entre dos países que formaban parte de un mismo territorio nacional. La situación legal de Crimea nunca fue resulta tras la disolución de la URSS. 

Las condiciones del referendo fueron irregulares e ilegales, por lo que no se le puede dar el peso de otros ejercicios democráticos vinculantes. Fue realizado en medio de acciones hostiles de la armada rusa en un país que esta polarizado y cuyo gobierno emergente es débil. Putin juega a sacarle el provecho a esta división interna  y esta cerca de apuntarse otro triunfo mediático y populista para su gobierno. La Rusia de Putin se esta volviendo cada vez más  peligrosa y la situación puede desencadenar las peores tensiones diplomáticas desde el fin de la guerra fría.

La armada rusa tiene desde hace mucho tiempo presencia en Crimea. Las bases navales asentadas en este territorio pagan una renta que es un motor importante de la economía local. El referendo que se efectuó recientemente no surge espontáneamente. Desde 1992 se ha tratado de dotar a Crimea de independencia vía su congreso nacional y siempre se han bloqueado tales intentos desde el gobierno central en Kiev. Crimea no comparte los rasgos nacionales del resto de las provincias ucranianas y mantenerla contra su voluntad en este país será causa de más y más conflictos.

Los rasgos nacionales rusos tan propios de la región de Crimea tienen origen en una acción estalinista con tintes clásicos del genocidio étnico:  en mayo de 1944 los Tártaros de Crimea fueron deportados en masa con el pretexto de la colaboración de algunos de ellos en la ocupación nazi de la isla. La herencia cultural rusa en Crimea es un invento reciente de un régimen autoritario.

Los tártaros de Crimea fueron tratados de manera terrible por el régimen soviético durante el periodo referido. Sin embargo ahora, después de su diáspora por el mundo, han regresado y sentado cabeza nuevamente el la península del Mar Negro. Actualmente constituyen el 12% de la población de Crimea y tienen representación activa en el parlamento nacional. Si esta integración poblacional se traslada a los votantes en activo podríamos suponer que la mayoría de los votantes de origen tártaro optaron por su anexión a Rusia. De hecho podríamos decir lo mismo de los votantes de origen ucraniano.

El referendo debe entenderse como una reacción a la caída del régimen ucraniano pro-ruso de Viktor Yanukovych más que un deseo real de incorporarse a una nación distante que tiene poco interés en el desarrollo de las economías locales. Rusia puso su tablero de ajedrez en Ucrania y no dejará de ejercer presión para defender sus intereses aún a costa de la estabilidad regional o de los legítimos intereses de la población de Crimea.