Las leyes secundarias de la reforma en telecomunicaciones están siendo discutidas en el senado en estos momentos. Su contenido confirma una tendencia (iniciada desde el IFETEL) en contra de las empresas que concentran una parte mayoritaria de los mercados en la materia: la simetría en la reglamentación. ¿Es válido el reglamentar de manera distinta a los competidores de un mercado?¿Es suficiente el establecer normas sin tocar a fondo un mercado tan concentrado como el de las telecomunicaciones en México?

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Las leyes asimétricas existen desde hace tiempo tanto en México como en naciones que han sufrido los problemas de las empresas preponderantes o monopólicas. Cuando se llevan a cabo, se hace por que se estima que existen condiciones injustas para los competidores no preponderantes. En México por un lado se tiene una empresa que desde la existencia de la radiodifusión fue un colaborador imprescindible de regímenes poco democráticos que propiciaron su éxito a costa de cualquier competidor y por el otro una empresa estatal de telefonía que paso, completa, sin dividirse, al control de particulares. El mercado de las telecomunicaciones es al momento injusto para cualquier nuevo competidor.

Las diferencias que enfrenta una empresa que incursiona en algún mercado son debidas al hecho de que estas comienzan a formar un núcleo de clientes/consumidores a partir de cero. Admitir leyes asimétricas es una intromisión gubernamental en una economía que supuestamente acepta el libre mercado. No tiene ningún sentido de justicia el diferenciar las obligaciones de los actores de un mercado como el de las telecomunicaciones. 

Los mercados capitalistas actualmente son regulados. En ningún caso se espera que la “mano invisible del mercado” ofrezca una garantía ante prácticas abusivas como son la acaparación o la simulación en el control de precios. Regular es el papel del estado en la economía y más si se trata de un sector clave como el de telecomunicaciones, que en México se encuentra poco desarrollado.

Los objetivos de inversión en el sector telecomunicaciones  pueden de hecho ser los contrarios si se aprueba esta parte de la ley en cuestión. Piense por ejemplo en una empresa como Telmex que por su título de concesión se ve obligada a tener presencia en sitios donde los competidores no invertirán. La entrada en vigor de reglamentos asimétricos hará que los planes de inversión disminuyan y en otros casos se reviertan las inversiones. Todo lo contrario a lo que se espera.

La infraestructura en telecomunicaciones no puede ser exclusiva de una sola empresa, no se puede estar sembrando cables de cada nuevo competidor, no tiene sentido. El permitir que nuevas empresas accedan a estas facilidades sin pagar demasiado (o nada) generará competidores serios. Es difícil predecir todos los escenarios posibles, o saber si efectivamente se desarrollara una competencia que beneficie a los consumidores mexicanos. Esta ley es un intento cuando menos plausible.

La competencia sana es sin duda un deseo de cualquier ciudadano. Pero no se está pensando con detenimiento las implicaciones de una ley que no es pareja. Las empresas que han monopolizado las telecomunicaciones proceden de vicios de gobiernos previos a la dinámica actual de competencia, que ya ha modificado la manera en que las empresas actúan. Las leyes asimétricas son una satanización de dos empresas mexicanas a las que el imaginario colectivo a situado como beneficiarias de regímenes corruptos. No se debe legislar dando circo al pueblo, se debe legislar garantizando pan al pueblo.