El movimiento de estudiantes politécnicos ha ganado una batalla clave. Cada uno de los puntos del pliego petitorio que recibió el secretario de gobernación Osorio Chong fue respondido y salvó el punto del 2% del PIB a educación pública el resto de las respuestas se asemeja a lo que los estudiantes querían que ocurriera.
El problema ahora se convierte en aprender a ganar, algo que muchos movimientos no han logrado. Recuerdese el caso del Consejo General de Huelga de la UNAM en 1999. De la misma manera que los politécnicos de hoy tenían la simpatía general de la opinión pública y consiguieron de manera rápida respuesta a sus principales puntos (la desaparición de cuotas). El movimiento se prolongo y se radicalizo y poco a poco perdieron cobertura mediática y simpatizantes hasta que la intervención policial ocurrió y fue incluso vista como necesaria por buena parte de la
población que conocía del movimiento.
Es normal ver con desconfianza a un gobierno que parece ceder tanto, pero existen formas de presionar por el cumplimiento de acuerdos que no requieren una ruptura. Será más fácil hacer valer la palabra de Osorio Chong con una agenda muy puntual para resolver cada problema, con un comité de seguimiento, y con una campaña de comunicación que muestre a los alumnos como mexicanos comunes que desean estudiar.
Cada triunfo tendrá su propia batalla y el caso de los normalistas desaparecidos en Guerrero deberá generar una movilización social diferente para poder ser resuelto de fondo. Mezclar ambas causas es éticamente correcto pero impracticable si se desea obtener algo más que reputación moral.